Vivir la digitalización

Existen numerosos enfoques filosóficos, científicos y religiosos sobre cómo se define la vida. Un enfoque es considerar la vida como una estructura espacial organizada que existe en la frontera del caos inanimado. En su libro “¿Qué es la vida?”, el biólogo y premio Nobel Paul Nurse parte, entre otras cosas, de la base de que las formas de vida son entidades físicas autónomas delimitadas del entorno, pero que se comunican con él. Por supuesto, otros factores como la presencia de células y genes, la capacidad de evolucionar y el funcionamiento de los procesos químicos y físicos son componentes esenciales de la materia viva.

Curiosamente, según Nurse, una parte integral de los seres vivos es el procesamiento de la información. Habla de “máquinas” que se coordinan y regulan mediante el procesamiento de información para funcionar como un todo con propósito.


Esto significa que la vida sólo puede nacer mediante la coordinación de procesos y el desarrollo de elementos sueltos en conexiones estructuradas y complejas. Inmediatamente, me viene a la mente una imagen cristiana tradicional: El fresco del techo de Miguel Ángel “La Creación de Adán”, en el que Dios da vida a Adán. Una idea básica ciertamente correcta que se transmite de forma pictórica: La vida sólo es posible gracias a la transmisión de información, por quien sea.

La vida sólo puede tener lugar en estructuras delimitadas, los llamados compartimentos biológicos. En estos espacios de reacción pueden tener lugar todos los procesos de las estructuras básicas de todos los organismos, las células. Esta clara separación entre el exterior desestructurado y el interior coordinado se encuentra en la frontera entre el caos y el orden.

En los procesos biológicos y en la vida hay multitud de protagonistas. Las partículas elementales construyen moléculas que se convierten en estructuras moleculares aún más complejas. La interacción coordinada se convierte en estructuras celulares que se convierten en órganos y, finalmente, en seres vivos complejos.

Cada nivel es importante para construir el siguiente nivel superior. Aunque se basan unas en otras, no es posible predecir cómo afectará la capa siguiente al conjunto. Se habla de emergencia cuando surgen nuevas cualidades como resultado de la interacción de elementos individuales y no se pueden predecir los efectos de las nuevas cualidades emergentes. O dicho de forma más sencilla: el resultado es más que la suma de sus partes individuales.

Si la interacción de las unidades de información, el transporte, la adquisición, el procesamiento y las reacciones que tienen lugar es una condición fundamental para el funcionamiento intracelular vivo, entonces demos un salto de fe y veamos cómo funciona la transmisión de información en la educación, uno de los ámbitos más importantes de transmisión de información en la sociedad.


¿Cómo es la educación en las escuelas hoy en día?

Los retos del futuro sólo serán posibles mediante la transferencia de conocimientos y nuevas formas de procesar los problemas.

La forma en que se enseña hoy en día la educación significa reproducir conocimientos que ya existen. El conocimiento se clona a través de la transmisión irreflexiva. Estar en la escuela significa memorizar los conocimientos de los libros definidos en los planes de estudio de forma unidireccional y consumir problemas ya resueltos. La escuela no ayuda a adquirir nuevos conocimientos y a construir compartimentos vivos de información desconocidos, sino que se empeña en producir epígonos sin estrategias propias de resolución de problemas, que no pueden ser creativos. Para seguir con el lenguaje de la biología: la escuela no crea nuevos niveles de información que puedan surgir en cualidades superiores. La escuela es sólo un transmisor unidireccional con una función de interrogación incorporada.

Por supuesto, se puede argumentar que la forma actual de transmitir la información es la base del aprendizaje independiente y de la socialización intelectual. Lo único es que las soluciones a los problemas que se elaboran por uno mismo tienen que aprenderse. Y el impulso para hacerlo o la chispa para ordenar la información deben ser enseñados y aprendidos. Y esto no se consigue con el cumplimiento de un plan de estudios premasticado.


Hay que repensar y aplicar la educación escolar.

Los cimientos de la educación deben basarse en una cultura del error vivida. La posibilidad de probar y aprender de los errores y crecer a partir de ellos. Para ello, la enseñanza tendría que ser más experimental y humana, sin miedo ni presión educativa.

Hay que despertar la curiosidad individual y animar a asumir los problemas y desarrollar estrategias de solución en equipo. La evaluación de la inteligencia de procesamiento de la información individual también tendría que ser evaluada de manera diferente. No debería ser la competencia de aplicación de escribir estoicamente los conocimientos memorizados la norma de los conocimientos más elevados, sino la reordenación creativa y la resolución de problemas lo que debería pasar a primer plano.


¿Puede ayudarnos la digitalización?

Los viejos modelos de pensamiento y enseñanza no serán sustituidos automáticamente por la digitalización. Sustituir los libros por dispositivos digitales y esperar que algo cambie no servirá de nada. Esto requiere nuevos conceptos pedagógicos y la voluntad política de trasladar los cambios a la vida escolar cotidiana.

Sólo la presión externa puede provocar el cambio. Hoy en día, existe la oportunidad de repensar la enseñanza porque la revolución de la digitalización y la voluntad individual de cambio pueden acabar con las incrustaciones de la política escolar. Las posibilidades técnicas y la voluntad empiezan a verse entre los responsables. Sólo cabe esperar que el flujo de información del conocimiento deje de estar dirigido por la clásica enseñanza frontal unidireccional, y que la interacción entre profesor y alumnos permita estructuras de aprendizaje orientadas al futuro. Las posibilidades de que se inicie una nueva “forma de criatura de aprendizaje” evolutiva son mayores que nunca. El núcleo se llama digitalización.